October 09, 2018
La extraña e inquietante fotografía post-mortem

Desde que la fotografía nació, se convirtió rápidamente en una de las opciones más inmediatas para retratar la realidad, por más cruda que ésta sea.

Pongámonos un poco en el contexto histórico de este tipo de fotografía antes de emitir cualquier juicio de valor. El siglo XIX, fue un siglo de constantes guerras y transformaciones: políticas, tecnológicas y científicas que propiciaron innumerables guerras. La sociedad occidental de la época eran familias en su mayoría de escasos recursos y con muchos hijos, y que su vez tenía una taza muy grande de mortandad infantil. La muerte en aquel siglo era vista más como algo sentimental, algo natural y sobre todo inevitable, más que como algo tabú (algo de lo que no se debe hablar). En el seno de una familia de clase media o baja, era muy común que cuando moría una persona, se organizaba una sesión fotográfica en un estudio de la localidad para retratar a la persona fallecida. En la mayoría de los casos, a pesar de ser una tecnología nueva, una fotografía con el difunto era mucho más barato que encargar a un artista un retrato, pues no todas las familias podían costearlo. Esta fue una de las razones por las cuales se llevaba a cabo esta práctica. Al momento de morir, la mejor manera de rendirle un tributo respetuoso y duradero al fallecido, era una fotografía post mortem.

Al principio, las fotografías a difuntos se hacían en sus propios lechos, presentando a la persona recostada sobre su cama o un sillón, con los ojos cerrados como si estuviesen durmiendo. Estás fotografías podían ser con sus familiares o solo retratos del pecho para arriba, a manera de bustos.

Más adelante se buscó incorporar a los fallecidos en fotografías más dinámicas y ponerlos en posiciones como “si estuviesen vivos”, vistiéndolos con sus ropas –sobretodo, cuando fueron militares o religiosos -  y para ello, se crearon complejas estructuras para poder poner al cuerpo, la cabeza o los brazos sin que caigan. De esta manera nos encontramos fotografías fascinantes donde apenas podemos distinguir al difunto de los vivos y donde el talento del fotógrafo sale a relucir al componer una imagen que, a pesar del sobrecogimiento que produce, es hermosa y llena de vida. Debido a los largos tiempos de exposición, que duraban entre 5 y 10 minutos, la fotografía a difuntos lograba una nitidez impecable.

De esta época también datan las “fotografías de angelitos”, nombre que se le dio a los difuntos niños o bebés, que fueron muy comunes debido a gran tasa de mortalidad infantil. Madres con su niño en brazos, fotos de bebés “dormidos” en su cuna o con sus hermanos vivos, imágenes que ahora nos parecen tétricas, pero que en su momento constituían un reflejo de la necesidad de la época de honrar a la persona de una manera solemne y siempre con el respeto que se merece.

Este tipo de fotografía se dejó de hacer gracias a que la tecnología avanzó y los tiempos cambiaron. Las fotografías se hicieron de exposiciones más rápidas y baratas, y las personas prefirieron retratar más momentos de la vida y más alegres.  La fotografía post mortem fue vista como algo vulgar y morboso.

Este hecho llama la atención si tenemos en cuenta el marcado contraste de belleza, sensibilidad y serenidad percibida y transmitida en la tradición fotográfica post mortem, que en el fondo no reflejaba nada más que hacer pervivir en la memoria, el recuerdo de un ser querido.

 

Dato curioso No. 1: Un gran porcentaje de las fotografías de retratos de esa época son Post Mortem hechas con estructuras para difuntos. Muchas están tan bien hechas, que no podemos distinguir cuáles sí y cuáles no lo son.

Dato curioso No. 2: En la película “Los Otros” de Alejandro Almenábar, el climax llega cuando se descubre una de estas fotografías.

Dato curioso No. 3: En México se hizo muy popular, el fotógrafo Romualdo García fue famoso por este tipo de fotos.

 

Dato curioso No. 4: La banda de rock KoRn, hace un homenaje a las fotografías post morten en su video “Insane” de 2016:

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